lunes, 17 de diciembre de 2012

Trasmochos

He tenido la fortuna de participar o asistir a varias jornadas y conferencias sobre la Sierra de Guadarrama o la Sierra del Rincón, además de las anunciadas en estas páginas a una impartida por Julio Vías (autor del recomendable libro "Memorias del Guadarrama"), y no quiero dejar la ocasión de comentar algunas ideas sobre consevación.

Siguiendo un orden cronológico, la primera fué la jornada de trasmochos en la Sierra del Rincón (ver programa en la entrada de 11 de octubre). Resulta que en esta Reserva de la Biosfera, concretamente en La Puebla, existe una cooperativa que pretende recuperar un uso tradicional como es el desmoche del arbolado para alimentación del ganado extensivo. Algo que parece muy propio de las Reservas de la Biosfera (usos tradicionales, participación de los vecinos en la gestión, ...). Hay que señalar que éste ha sido un uso muy importante en la zona, probablemente por la escasez de buenos suelos para pastizales, y que se ha practicado en bastantes especies, no solo los fresnos (Fraxinus angustifolia) como es habitual en la Sierra de Guadarrama, sino también robles (Quercus pyrenaica, Q. petrea), alisos (Alnus glutinosa), abedules (Betula alba), "safres" (Acer monspessulanum), etc., incluso las hayas (Fagus sylvatica) de Montejo sufrieron este tratamiento. Hay que señalar que la forma de podar no es siempre la misma, y si bien los fresnos y chopos toleran la poda de todas las ramas, otros como los robles y las hayas no y se requiere dejar "horca y pendón" (algunas ramas). Y esto es algo importante, pues algunos paisanos tienen tan asumido el hábito que se lo aplican indistintamente a todos los árboles de paseo de nuestros pueblos, lo que está en contradicción con su utilidad y supone la seca prematura de algunos de ellos, no siempre tolerantes a podas drásticas.

Fresnos desmochados. Bustarviejo, El Pornoso, 11-IV-2006

Este aprovechamiento, común en toda Europa, está en desaparición, siendo España uno de los países donde persiste más. Uno de los aspectos más interesantes en los que insistió alguno de los ponentes fue que la importancia de los trasmochos no solo es agropecuaria, etnográfica o estética, sino también conservacionista: el trasmocho supone una especie de envejecimiento prematuro de los árboles, lo que proporciona un hábitat a las especies de bosques maduros, como a los coleópteros saproxílicos, uno de los grupos más amenazados en Europa. Además, los propios trasmochos parecen estar especialmente amenazados, pues cuando se abandona el uso, al desarrollar grandes copas, son propensos al desgarro de ramas e incluso la caída del árbol entero. Sin embargo, parece que estos árboles trasmochos llegan a ser más longevos que los no transmochados, probablemente por lo mismo: si es propio de los árboles viejos presentar pudriciones, los árboles con enorme desarrollo serán más propensos a desgarros y caídas que los trasmochados, con copas reducidas.

El dilema parece claro ¿queremos árboles viejos o grandes?. Tal vez la respuesta sea las dos cosas: habrá que estudiar que árboles necesitan volverse a podar (y, como quedó claro en las jornadas, cuando se han pasado del turno de corta no vale podar de la misma forma anterior), será más polémico hacer nuevos trasmochos, especialmente en especies protegidas, y será necesario una legislación adecuada, semejante a la que regula la poda de encinas en Madrid (Decreto 8/1986). Y esto es condición imprescindible, pues el ramoneo por poda no deja de ser una forma de explotación humana y por tanto con riesgo de sobreexplotación, algo que frecuentemente se olvida cuando se defienden las virtudes conservacionistas de los usos tradicionales. Y esto se sabe desde antiguo: es muy ilustrativo revisar las normas para proteger los bosques ya desde los antiguos fueros medievales (Torquemada 1997, Bauer 1980, Allende & al. 2012,...).

Para quien quiera saber más:

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